Geografía

Medio físico

 La dualidad del territorio (sierra y penillanura) es uno de los argumentos más comunes a la hora de definir físicamente a la comarca. Se comparten dos realidades territoriales distintas aunque un mismo modo de vida rural.

Para la mayoría de los participantes el medio que les envuelve es tan familiar que difícilmente se llega a destacar sus encantos. Sin embargo la variedad y diversidad están presentes y es lo que justifica una naturaleza privilegiada a los ojos de aquellos que proceden de regiones remotas.

El paisaje de la comarca encierra una trilogía morfológica: estepa, sierra y dehesa, en los que perviven comunidades biológicas distintas y complementarias, escasamente alteradas dado el uso extensivo que se hace del territorio.

De nordeste (Santa Marta) a suroeste (Valdefuentes) se extiende una extensa banda de terrenos esteparios afectada por una figura de protección ambiental llamada ZEPA (Zona de Especial Protección para las Aves), incluida en el área de los Llanos de Cáceres. En este territorio se encuentra toda una pléyade de aves esteparias como gangas, sisones, aguiluchos cenizos y avutardas. Es un paisaje abierto y peniaplanado, carente de vegetación arbórea, en que se alterna el posío donde pasta el ganado vacuno y lanar, el barbecho y el labrantío de cereales. Este paisaje sufre fuertes alteraciones estacionales así, la pradera de otoño-invierno se transforma en un vergel durante la primavera y el sofocante verano cierra el ciclo dando al terreno el aspecto ralo y estepario característico.

Conscientes del potencial que esta figura de protección ambiental encierra para la práctica del turismo de naturaleza y los servicios ambientales colaterales, en Sierra de Fuentes se están dando los últimos retoques a un Centro de Recuperación de Aves promovido por el Ayuntamiento.

La dehesa tiene lugar de asiento en el piedemonte serrano y en los riberos. Pueden dibujarse dos grandes manchas adehesadas que de sur a norte, remontando los cursos del Salor y del Tamuja, confluyen en la sierra. La especie arbórea dominante en la dehesa es la encina (algunos ejemplares como "La Encina Terrona" es sobradamente conocida por lo grandioso de su porte). No obstante no es raro encontrar manchas de alcornoques en la vertiente de umbría de la Sierra de Montánchez, más expuesta a las precipitaciones, aunque su presencia casi siempre responde a factores edáficos (afloramiento de agua o zonas de terrenos arcillosos con mayor capacidad de retención). Si bien la dehesa ya no sirve de montanera a la preciada raza porcina ibérica, sí mantiene una ganadería vacuna con demasiada tendencia a la hibridación de razas foráneas en detrimento de las razas autóctonas de vacas retintas, negras avileñas y moruchas.

En las dehesas prolifera la fauna y la flora más apreciada y representativa dentro del monte mediterráneo. La dehesa es valorada por los asistentes como el paisaje característico de la comarca, al que se le conceden enormes potencialidades turísticas y agroganaderas. Es también un reservorio de especies vegetales ya que contiene un sinfín de plantas silvestres y aromáticas con interesantes posibilidades productivas.

Los Ayuntamientos comarcanos aún mantienen como dehesas boyales una importante porción de la mejor dehesa de la comarca, destacando entre ellas la de Albalá, Torremocha, Arroyomolinos, Santa Marta, Plasenzuela, Santa Ana y Zarza de Montánchez.

La sierra es el tercer gran componente paisajístico de la comarca. Se localiza fundamentalmente al sur de la misma, con la excepción de la Sierra del Risco, que forma parte de un sistema orográfico distinto, el del círculo montañoso que rodea a la capital cacereña. Las alineaciones del sur, en cambio, corresponden a la porción centroextremeña de los Montes de Toledo y configuran la divisoria de aguas de las cuencas del Guadiana y del Tajo. Las sierras del sur se forman por la emergencia de un potente batolito granítico. Poblaciones como Arroyomolinos y
Valdemorales trasponen la cuenca del Tajo y conforman parte de la cuenca alta de la Depresión del Guadiana.

La altura máxima supera los 900 metros y es el factor que introduce en el paisaje ricos matices: presencia de una vegetación de hoja caduca más propia del bosque húmedo mediterráneo (robles, castaños, brezos y helechos), dualidad umbría/solana y abancalamiento de los cultivos. Desde determinados puntos de la sierra es posible contemplar a la vez la fértil Vega del Guadiana y la inmensidad de la Penillanura Trujillano-Cacereña.

En la sierra localizan los asistentes algunos de los principales atractivos turísticos de la comarca, siendo calificados ciertos parajes como lugares vírgenes para el turismo rural: Garganta de los Molinos en Arroyomolinos, Robledo en Montánchez, Sierra Centinela en Alcuéscar, Sierra de Cancho Blanco en Zarza, umbría de la Sierra de San Cristóbal en Valdemorales, Sierra del Risco en Sierra de Fuentes; accesibles desde intrincados caminos rurales, cordeles y veredas, muy aptos para un turismo verde y activo, sin olvidar que ya de manera espontánea y poco organizada se practica el parapente y la escalada en los riscos y acantilados más prominentes.

Esta variedad paisajística y la escasa presencia del hombre posibilitan la existencia de una gran variedad de especies cinegéticas tanto de caza menor (perdices, tórtolas, palomas, conejos y liebres) como de caza mayor (manchas más inexpugnables del río Aljucén y la Sierra de la Parrilla).

El agua represada es también un recurso para la pesca y para el ocio. La cola del Pantano del Salor destaca por los ciprínidos y por las actividades de recreo, el Pantano del Galio, la Presa del Río Aljucén y otras charcas menores son ecosistemas privilegiados para la cría de la tenca. El Pantano del Tamuja se localiza en un paraje recóndito y es uno de los sitios privilegiados, aunque poco conocidos, para el avistamiento de anátidas durante la época invernal.

En el espada reservado a los problemas ecológicos se mencionan el fuerte impacto visual de las canteras de granito, los vertidos de aguas residuales de los pueblos, los vertederos y escombreras incontrolados, los incendios en la sierra y la inestabilidad de los taludes practicados en algunas obras de ingeniería como la carretera C-520.